Después de un fin de semana de ensueño, despertarse para volver a la realidad cuesta y mucho, pero la sonrisa no se borra y el ánimo es diferente, espero que me dure porque dio para muchas sonrisas, esperadas e inesperadas.
Comenzó bien; sábado de desayuno especial, para emprender una nueva aventura, coger el volante por una autovía, y como las aventuras sin adrenalina no son ná, tuve que pasar por un tramo de obras con un autobús intentando adelantar que bastó para ir acelerá todo el resto del día.
Comida familiar con más componentes que los acostumbrados, risas y como no anécdotas absurdas y vergonzantes. Al final, como siempre, cada uno da su versión de los hechos para sacar los colores al contrario.
Tarde agitada con el nuevo terremoto familiar que antes sólo andaba y chillaba, pero ahora habla,habla a gritos, manda y da mordiscos y pellizcos... ¡Sálvense quien pueda de caer en sus garras!, lo malo es que luego te da muchos mimos y le perdonas absolutamente todo.
Cena a lo grande, con los más grandes; como no arreglamos el mundo a nuestra manera, y ya pa casita a dormir después de un largo día.
Pero no terminaron las sorpresas, ya al día siguiente apareció un regalo inesperado, muy inesperado.
Así que muchas gracias por hacerlo inolvidable, espero recordarlo por muchos años, aunque ya sabeis, seguro que cada uno tiene su versión de los hechos.
PD seguramente hubiera sido perfecto si hubiera ganado su equipo, pero no puede ser todo en esta vida.

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